Lo pequeño es hermoso y El Nuevo Estado Industrial: un diálogo que sigue vivo

 


Lo pequeño es hermoso y El Nuevo Estado Industrial: un diálogo que sigue vivo

A veces leemos simultáneamente libros que no se enfrentan, sino que se encuentran. Dos miradas distintas pueden cruzarse en un mismo horizonte y, al hacerlo, revelar que la economía no es solo técnica, sino memoria, escala y poder. Así ocurre con Lo pequeño es hermoso de E.F. Schumacher y El Nuevo Estado Industrial de John Kenneth Galbraith: dos obras que, medio siglo después, siguen dialogando en nuestro presente.

 

Mi invitación a su lectura parte de un diálogo imaginario

En una plaza silenciosa, dos hombres conversan.

Schumacher habla primero, con la serenidad de quien mira la tierra:

—Lo pequeño es hermoso porque devuelve al ser humano su escala. La economía debe ser como un huerto: cercana, sostenible, capaz de alimentar sin destruir. El gigantismo nos arranca de la raíz y nos convierte en piezas de una máquina que no entiende de dignidad.

Galbraith sonríe, pero su mirada se dirige hacia las torres de cristal de las corporaciones:

—Tienes razón en tu amor por lo pequeño, Ernst. Pero no podemos ignorar que lo grande ya existe y domina. Las corporaciones han sustituido al mercado competitivo; fijan precios, moldean deseos, gobiernan silenciosamente. Mi tarea es advertir que, sin contrapoderes, ese dominio se convierte en tiranía.

Schumacher asiente:

—Lo grande puede ser inevitable, pero no debe ser absoluto. Si olvidamos la escala humana, la economía se convierte en desierto.

Galbraith responde:

—Y si olvidamos el control institucional, lo grande se convierte en monstruoso.

Así, sus voces se entrelazan: uno mira hacia abajo, hacia la raíz y la comunidad; el otro hacia arriba, hacia las estructuras de poder. Ambos coinciden en que la economía no es un juego de cifras, sino un espejo de la dignidad humana.

 

Quiero decir con este diálogo imaginario, que medio siglo después, sus palabras siguen vigentes: necesitamos lo pequeño para no perder la escala, y necesitamos contrapesos para que lo grande no devore lo común.

Quizá por eso vale la pena detenerse en sus obras: Lo pequeño es hermoso y El Nuevo Estado Industrial. Dos miradas distintas, pero complementarias, que nos invitan a pensar la economía como si la gente importara, y el poder como si pudiera ser equilibrado. Dos libros que, leídos juntos, abren un diálogo que sigue vivo en nuestro tiempo.




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