Cuando el esfuerzo ya
no basta: un paralelismo entre los jóvenes en China y en Occidente
En la newsletter de hoy
incluyo una recomendación: ver, cuando podáis, el vídeo de Manu Shi titulado “¿Qué
está pasando con los jóvenes en CHINA?” (mayo de 2025).
Es un documento directo y
humano que describe la realidad de una generación educada bajo la promesa de
que el sacrificio temprano —años de tutorías intensivas, el Gaokao como prueba
decisiva y grandes inversiones familiares— conduciría a estabilidad profesional
y social.
La realidad que muestra es
distinta: más de diez millones de graduados entran cada año al mercado laboral
en un contexto de saturación, salarios iniciales insuficientes para vivir en
las grandes ciudades y una tasa de desempleo juvenil (16-24 años, excluyendo
estudiantes) que cerró diciembre de 2025 en el 16,5 %, según la Oficina
Nacional de Estadísticas de China.
Muchos optan por el “tangping”
—acostarse plano—, una forma de rechazo pasivo a la competencia feroz y a las
expectativas incumplidas. No se trata de falta de motivación, sino de un
contrato social que se ha roto: el mérito individual ya no garantiza el
ascenso prometido.
Al ver este vídeo no pude
evitar establecer un paralelismo con lo que ocurre en Occidente, y de modo
particular en España.
Encontré para ello un video interesante de una entrevista
concedida por Santiago Niño Becerra a Javi Linares en enero de 2026, que es un
poco más largo y que se puede ver por trozos cuando tengamos tiempo, porque en
la misma se hablan de bastantes temas interesantes.
Para alguien que no conoce mucho a Santiago Niño Becerra
o que quiere un "resumen actualizado" de su tesis catastrofista, el
video es una buena puerta de entrada.
Para el tema que nos ocupa, en
una parte del video se describe un proceso estructural similar al chino, aunque
más gradual: la automatización y la inteligencia artificial eliminan puestos
intermedios de “cuello blanco”, la productividad permanece estancada —en España
equivalente a niveles de Alemania de finales de los noventa— y el modelo
económico se sostiene más en volumen de mano de obra barata que en valor
añadido.
Aunque la tasa de paro juvenil
en España (menores de 25 años) descendió al 23 % a cierre de 2025 según la EPA
del INE —la más baja desde la crisis financiera—, sigue siendo elevada en
comparación europea. Muchos titulados universitarios terminan en subempleo,
emigran o aceptan condiciones precarias. El mensaje clásico “estudia con
esfuerzo y prosperarás” choca con una creación insuficiente de empleo
cualificado y con una desigualdad que erosiona la clase media.
El punto común entre ambos
contextos es evidente: el sistema educativo y social vende una meritocracia que
la estructura económica actual no puede sostener. En China el fenómeno es más
visible por su escala y su cultura de hipercompetencia; en Occidente avanza de
forma más lenta, impulsado por deuda acumulada, envejecimiento demográfico y
cambios tecnológicos.
En los dos casos se genera
frustración generacional, retraso en la independencia, baja natalidad y
cuestionamiento profundo de las prioridades vitales.
Esta reflexión no pretende ser
alarmista, sino observadora. Surge precisamente del vídeo de Manu Shi, que os
invito a visionar en la newsletter. Comprender lo que sucede en China puede
ayudarnos a reconocer patrones que ya están presentes aquí, aunque de manera
menos extrema.
¿Observáis algo parecido en
vuestros entornos profesionales, familiares o sectoriales? ¿Cómo podemos
adaptarnos individual y colectivamente —quizá reorientando expectativas,
profesionalizando aficiones nicho o repensando el rol de la educación y las
instituciones?
Entrevista a Santiago Niño Becerra

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