Entre lo deseable y lo posible: un horizonte para la democracia española (Reflexión octava)


 

Entre lo deseable y lo posible: un horizonte para la democracia española (Reflexión octava)

Reflexiones sobre: “Más allá de la partidocracia: un nuevo equilibrio democrático” (Epílogo)

Las ideas expuestas a lo largo de estas reflexiones apuntan a un horizonte ambicioso: una democracia más responsable, más equilibrada y más atenta a la gestión pública. Un sistema donde la sociedad civil tenga un papel estructural y donde el control del poder no dependa únicamente del ciclo electoral. Un Senado renovado, con funciones claras y capacidad real de supervisión, sería una pieza valiosa en ese horizonte.

Pero cualquier lector honesto —y cualquier ciudadano que conozca la realidad política española— sabe que una reforma de este calibre no es sencilla. No lo es por razones jurídicas, porque exigiría modificar la Constitución. Y no lo es por razones políticas, porque los partidos difícilmente aceptarán una redistribución del poder que limite su capacidad de control sobre las instituciones.

Reconocer esta dificultad no debilita la propuesta. La hace más adulta.

Por eso conviene distinguir entre lo deseable y lo posible, y explorar caminos intermedios que permitan avanzar sin necesidad de una gran reforma constitucional inmediata. La experiencia comparada muestra que las democracias se transforman por acumulación de mejoras, no por saltos bruscos. Y en ese sentido, España tiene margen para avanzar en tres direcciones complementarias.

 

1. Reformas graduales dentro del marco actual

Aunque el Senado no pueda transformarse por completo sin tocar la Constitución, sí puede evolucionar mediante reformas legales y reglamentarias:

·       creación de oficinas técnicas independientes,

·       fortalecimiento de las comisiones de investigación,

·       obligación de evaluar políticas públicas,

·       comparecencias periódicas y vinculantes,

·       acceso reforzado a la información administrativa.

Son pasos modestos, pero introducen una cultura de control que hoy falta.

 

2. Órganos de control ciudadano fuera del Senado

España puede crear instituciones nuevas sin modificar la Constitución:

·       consejos ciudadanos permanentes,

·       institutos de evaluación de políticas públicas,

·       observatorios independientes con participación de la sociedad civil,

·       agencias técnicas con mandato legal.

Estos órganos no sustituirían al Senado, pero llenarían el vacío de supervisión que hoy existe.

 

3. Construir cultura institucional antes que arquitectura institucional

A veces, las instituciones cambian después de que cambie la cultura política, no antes. España puede avanzar mediante:

·       mayor transparencia,

·       profesionalización de la administración,

·       evaluación obligatoria de grandes proyectos,

·       participación ciudadana estructurada,

·       presión social organizada para exigir rendición de cuentas.

Cuando la cultura de responsabilidad se consolida, las reformas constitucionales dejan de parecer rupturas y se convierten en evoluciones naturales.

 

La propuesta de un Senado renovado no debe entenderse como un plano cerrado, sino como una dirección. Como un recordatorio de que la democracia no es solo votar, sino cuidar lo que es de todos. Como una invitación a pensar en instituciones que acompañen a la política, que la complementen y que la vigilen sin sustituirla.

Quizá el camino sea largo. Quizá la resistencia sea fuerte. Pero toda democracia madura necesita horizontes que la orienten, incluso cuando parecen lejanos. Y este horizonte —una democracia más responsable, más equilibrada y más consciente de sus límites— merece ser explorado.

Porque, al final, reformar las instituciones no es un gesto técnico. Es un acto de cuidado. Y cuidar un país es siempre un proyecto a largo plazo.

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