Geopolítica del Mediterráneo Occidental - ENTRADA 1: El Nuevo Escenario Global: EE. UU. se repliega, Europa queda expuesta


 

Geopolítica del Mediterráneo Occidental

ENTRADA 1: El Nuevo Escenario Global: EE. UU. se repliega, Europa queda expuesta

El orden internacional está entrando en una fase de transición acelerada. La guerra de Irán está actuando como catalizador de un cambio que llevaba años gestándose: el progresivo retorno de Estados Unidos a una política de repliegue estratégico, centrada en sus prioridades internas y en la contención de China, dejando a Europa ante una realidad incómoda. La arquitectura de seguridad que ha protegido al continente desde 1945 ya no puede darse por garantizada.

Este giro no es coyuntural, sino estructural. La Casa Blanca ha dejado claro que su implicación en conflictos ajenos será selectiva, condicionada y, en ocasiones, transaccional. En este contexto, la relación con los aliados europeos se vuelve más instrumental y menos estratégica. Y cuando un aliado deja de ser prioritario, puede convertirse en moneda de cambio.

España, por su posición geográfica y su postura política durante la guerra de Irán, entra en este nuevo escenario con un riesgo añadido.

En este nuevo escenario, la lógica estratégica es clara: cuando Estados Unidos se repliega tras un conflicto de gran escala, suele buscar ajustar cuentas con aquellos países que no respaldaron su posición, especialmente si considera que su falta de apoyo debilitó la coalición internacional. En ese contexto, España podría convertirse en un objetivo indirecto de presión, no por su peso militar, sino por la visibilidad política de su postura durante la guerra de Irán y por la influencia que ejerce dentro de la Unión Europea.

La posibilidad de que Washington utilice a Marruecos como herramienta de presión no es descabellada. La historia reciente demuestra que Rabat ha sabido aprovechar los cambios de humor geopolítico para avanzar sus intereses, especialmente en el Sáhara Occidental. Y un Estados Unidos aislacionista, deseoso de penalizar a determinados gobiernos europeos, podría ver en Marruecos un socio útil para enviar mensajes sin implicarse directamente.

El riesgo para España no reside en un conflicto militar convencional, sino en algo más sutil y peligroso: la activación de presiones híbridas.

Entre ellas:

·       Tensiones en Ceuta y Melilla.

·       Oleadas migratorias inducidas.

·       Campañas diplomáticas para erosionar la posición española en el Sáhara.

·       Maniobras económicas o comerciales que busquen desestabilizar sectores sensibles.

Europa, mientras tanto, observa el tablero con una mezcla de preocupación y lentitud institucional. La Unión Europea no ha completado aún su transición hacia una autonomía estratégica real. Su dependencia energética, militar y tecnológica la convierte en un actor vulnerable en un mundo donde la fuerza vuelve a imponerse sobre la norma.

En este contexto, España se encuentra en una posición paradójica: es a la vez frontera exterior de Europa y frontera interior de la inestabilidad del Magreb.

Y cuando Estados Unidos se repliega, esa doble condición deja de ser un activo y se convierte en una responsabilidad.

La pregunta que abre esta serie es, por tanto, inevitable:

¿qué ocurre cuando el garante tradicional del orden abandona el tablero y deja a Europa —y especialmente a España— expuesta a las ambiciones de actores regionales?

La respuesta exige comprender no solo la dimensión militar, sino también la económica, energética, diplomática y jurídica. Porque la amenaza no vendrá en forma de tanques, sino de decisiones calculadas que buscan medir la resistencia española y europea.

Esta primera entrada establece el marco general. En las siguientes, descenderemos a los pilares concretos que sostienen —o amenazan— la estabilidad del Mediterráneo Occidental. Y veremos por qué cualquier intento de Marruecos de “incordiar” a España, alentado por un Washington volátil, podría convertirse en un error de cálculo histórico.

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