“Europa, EE. UU. y el equilibrio del siglo XXI” - Entrada 3 — La OTAN y la cultura estratégica europea: comodidad, delegación y límites
“Europa, EE. UU. y el
equilibrio del siglo XXI”
Entrada 3 — La OTAN y
la cultura estratégica europea: comodidad, delegación y límites
1. La OTAN como sustituto de
una defensa europea
Cuando la OTAN nace en 1949,
Europa no tiene capacidad militar real. Alemania está desarmada, Francia
exhausta, Italia desorganizada, el Reino Unido endeudado. La URSS, en cambio,
mantiene un ejército gigantesco y controla media Europa.
En ese contexto, la OTAN no es
solo una alianza: es una externalización de la defensa europea.
- EE. UU. aporta el paraguas nuclear.
- EE. UU. aporta la mayor parte de las
fuerzas convencionales.
- EE. UU. establece bases permanentes en
Alemania, Italia, Reino Unido, España, Bélgica y Países Bajos.
Europa, simplemente, no
puede defenderse sola. Pero lo decisivo es que, con el tiempo, tampoco
intenta hacerlo.
2. La cultura estratégica
europea: bienestar, derecho y diplomacia
Entre 1950 y 1970, Europa vive
un proceso único en la historia: reconstrucción económica acelerada, creación
del Estado del bienestar, integración política y pacificación interna.
Ese éxito tiene un precio: Europa
deja de pensar en términos de poder.
Tres rasgos definen esta
cultura estratégica:
1. El
bienestar como prioridad absoluta Los gobiernos europeos
dedican sus presupuestos a sanidad, educación, pensiones, vivienda,
infraestructuras. La defensa queda relegada a un segundo plano.
2. El
derecho como sustituto de la fuerza La integración europea se
basa en normas, instituciones, tribunales y procedimientos. La idea de “poder
duro” se percibe como algo ajeno, casi peligroso.
3. La
diplomacia como herramienta principal Europa se convierte en un
actor normativo: negocia, media, regula, arbitra. Pero no proyecta fuerza
militar autónoma.
Este modelo funciona porque EE. UU.
garantiza la seguridad exterior. Europa puede permitirse ser posbélica
porque EE. UU. sigue siendo geopolítico.
3. La cultura estratégica
estadounidense: poder, disuasión y liderazgo
Mientras Europa se
desmilitariza psicológicamente, EE. UU. recorre el camino inverso.
Tres rasgos definen la cultura
estratégica de Washington:
1. La
fuerza como instrumento legítimo de política exterior
Corea, Vietnam, el Golfo Pérsico, los Balcanes, Afganistán, Irak. EE. UU.
actúa, interviene, proyecta poder.
2. La
disuasión como principio rector El arsenal nuclear
estadounidense es el pilar de la seguridad occidental. Europa vive bajo ese
paraguas sin tener que asumir su coste político.
3. El
liderazgo como responsabilidad autoasumida Washington se ve a sí
mismo como garante del orden mundial. Europa, como beneficiaria de ese orden.
El resultado es una asimetría
psicológica: Europa piensa en términos de bienestar; EE. UU. piensa en
términos de poder.
4. La delegación estratégica:
un hábito que se convierte en estructura
A partir de los años sesenta,
la delegación deja de ser una necesidad y se convierte en una costumbre.
Datos que lo muestran:
- En 1960, el gasto militar de EE. UU. era
del 9 % del PIB; el de Europa Occidental, en promedio, menos del
4 %.
- En 1980, EE. UU. seguía en torno al 5 %,
mientras Europa bajaba al 3 %.
- En 2000, EE. UU. mantenía el 3 %,
Europa caía al 1,8 %.
- En 2014, antes de Crimea, solo 4 países
europeos cumplían el 2 % del PIB en defensa.
Europa no “parasita”: Europa
se adapta al sistema que EE. UU. diseñó y lideró.
Washington quería aliados
estables, prósperos y previsibles, no potencias militares autónomas. Europa
aceptó ese papel porque le permitía concentrarse en su reconstrucción interna.
5. La paradoja: Europa rica
pero débil; EE. UU. fuerte pero cansado
Con el paso del tiempo, la
asimetría se convierte en paradoja:
- Europa es una potencia económica
comparable a EE. UU., pero sin capacidad militar autónoma.
- EE. UU. es una potencia militar global,
pero cada vez más fatigada por el coste de sostener el orden mundial.
Esta paradoja explica el
conflicto discursivo actual:
- EE. UU. acusa a Europa de “no hacer
suficiente”.
- Europa responde que ha construido un
modelo social ejemplar.
- Ambos tienen parte de razón, pero ambos
ignoran el origen: el sistema fue diseñado para que Europa delegara y
EE. UU. liderara.
6. Conclusión de la Entrada 3
La dependencia estratégica
europea no es fruto de la pereza ni del parasitismo. Es el resultado de:
1. Una
arquitectura militar diseñada por EE. UU. para contener a la
URSS.
2. Una
cultura política europea centrada en el bienestar y la
integración.
3. Una
cultura estratégica estadounidense basada en la proyección de
poder.
4. Un
equilibrio tácito: Europa prospera; EE. UU. lidera.
Este equilibrio funcionó
durante décadas, pero hoy está en crisis. La Entrada 4 explicará por qué: el
cansancio estadounidense, el giro hacia Asia, la fatiga imperial y la nueva
narrativa del “free rider europeo” (problema del polizón).

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