“Europa, EE. UU. y el equilibrio del siglo XXI” - Entrada 4 — El cansancio estadounidense: la nueva narrativa del “free rider” europeo (problema del polizón)


 

“Europa, EE. UU. y el equilibrio del siglo XXI”

Entrada 4 — El cansancio estadounidense: la nueva narrativa del “free rider” europeo (problema del polizón)

1. El giro interno de EE. UU.: prioridades domésticas y fatiga imperial

Desde los años noventa, y especialmente desde 2008, EE. UU. vive un cambio profundo en su percepción del mundo. La sociedad estadounidense está menos dispuesta a sostener el coste de ser la potencia garante del orden global.

Tres factores explican este giro:

1.    Desindustrialización y desigualdad interna La globalización benefició a las grandes corporaciones, pero golpeó a amplias capas de la clase trabajadora estadounidense. El discurso político se reorienta hacia “América primero”, con un énfasis creciente en el bienestar interno.

2.    Coste de las guerras post‑11S Afganistán e Irak supusieron más de 6 billones de dólares en gasto acumulado. La opinión pública percibe que EE. UU. paga demasiado por conflictos que no mejoran su seguridad.

3.    Competencia estratégica con China Washington considera que su prioridad ya no está en Europa, sino en el Indo‑Pacífico. La defensa de Europa pasa a ser vista como un “legado del pasado”.

El resultado es un cambio psicológico: EE. UU. ya no quiere ser el policía del mundo.

2. La narrativa del “free rider”: Europa como carga, no como socio

A partir de los años 2010, se consolida en Washington una narrativa simplificada pero políticamente eficaz: Europa vive bajo el paraguas militar estadounidense sin pagar su parte.

Datos que alimentan esta percepción:

  • Durante décadas, EE. UU. aportó entre 65 % y 75 % del gasto total de la OTAN.
  • En 2014, solo 4 países europeos cumplían el objetivo del 2 % del PIB en defensa.
  • Alemania, la mayor economía europea, gastaba apenas 1,2 % del PIB en defensa antes de 2022.

Desde la perspectiva estadounidense, esto parece injusto: Europa es rica, pero no asume su responsabilidad militar.

Sin embargo, esta narrativa oculta dos hechos esenciales:

1.    El sistema fue diseñado por EE. UU. para que Europa delegara.

2.    La prosperidad europea fue un pilar del liderazgo estadounidense.

Es decir: EE. UU. critica ahora un modelo que él mismo creó y del que se benefició durante décadas.

3. La realidad actual: Europa aumenta el gasto, pero sigue sin capacidad autónoma

Tras la anexión de Crimea en 2014 y, sobre todo, tras la invasión de Ucrania en 2022, Europa ha incrementado su gasto militar de forma significativa.

Datos recientes:

  • En 2024, 24 de los 32 miembros de la OTAN ya cumplían el 2 % del PIB.
  • Polonia supera el 4 %, los bálticos rondan el 3 %.
  • Alemania ha lanzado un fondo extraordinario de 100.000 millones de euros para modernizar sus fuerzas armadas.

Pero el problema no es solo cuánto se gasta, sino cómo:

  • Europa carece de una industria de defensa integrada.
  • No tiene una cadena de mando unificada.
  • No posee capacidades estratégicas clave: defensa antimisiles, proyección naval, transporte estratégico, inteligencia satelital, disuasión nuclear.

En otras palabras: Europa gasta más, pero sigue sin poder defenderse sin EE. UU.

4. El cansancio estadounidense como riesgo estructural para Europa

El giro estadounidense no es coyuntural: es estructural.

Tres tendencias lo confirman:

1.    Repliegue estratégico hacia Asia La contención de China es la prioridad absoluta de Washington. Europa es secundaria en esta nueva jerarquía.

2.    Polarización interna El consenso bipartidista sobre la OTAN se ha erosionado. Sectores crecientes del electorado cuestionan el coste de defender a Europa.

3.    Expectativa de reciprocidad EE. UU. ya no quiere ser el “protector automático” de Europa. Exige que Europa asuma más responsabilidad, incluso en escenarios de crisis.

Esto coloca a Europa ante una verdad incómoda: el paraguas estadounidense ya no es garantizado ni incondicional.

5. La contradicción estadounidense: reproche sin renuncia

Aunque EE. UU. critica a Europa, tampoco está dispuesto a retirarse completamente.

¿Por qué?

  • La presencia militar en Europa sigue siendo útil para proyectar poder hacia Oriente Medio, África y Eurasia.
  • La OTAN sigue siendo un instrumento de influencia política.
  • La industria de defensa estadounidense se beneficia de las compras europeas.
  • Washington prefiere una Europa dependiente antes que una Europa autónoma.

Esta contradicción explica la tensión actual: EE. UU. quiere que Europa haga más, pero no que sea independiente.

6. Conclusión de la Entrada 4

El cansancio estadounidense no es un reproche moral: es un síntoma de un cambio de época.

1.    EE. UU. ya no puede —ni quiere— sostener el orden geopolítico creado tras 1945.

2.    La narrativa del “free rider europeo” simplifica un sistema que fue mutuamente beneficioso.

3.    Europa aumenta su gasto militar, pero sigue sin autonomía estratégica.

4.    El equilibrio transatlántico está en crisis porque sus fundamentos históricos han desaparecido.

La Entrada 5 abordará la cuestión decisiva: qué debe hacer Europa ahora, cómo redefinir su relación con EE. UU. y por qué la autonomía estratégica es imprescindible para cualquier proyecto euroasiático futuro.

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