“Europa, EE. UU. y el equilibrio del siglo XXI” Entrada 5 — El futuro del vínculo: autonomía europea, equilibrio transatlántico y el factor ruso
“Europa, EE. UU. y el
equilibrio del siglo XXI”
Entrada 5 — El futuro
del vínculo: autonomía europea, equilibrio transatlántico y el factor ruso
1. El punto de ruptura: el
viejo contrato ya no existe
Lo que hemos visto en las
entradas anteriores converge en una constatación simple y dura: el contrato
implícito de la posguerra ha dejado de existir.
- EE. UU. ya no puede ni quiere sostener en
solitario la seguridad europea.
- Europa ya no puede seguir actuando como si
ese paraguas fuera eterno.
- El entorno estratégico (China, Rusia,
desorden global) es más peligroso que en ningún momento desde 1945.
Seguir funcionando con la
lógica de “ellos nos protegen, nosotros gestionamos el bienestar” ya no es una
opción. Aquí aparece la palabra que Europa lleva años pronunciando sin asumirla
de verdad: autonomía estratégica.
2. Qué es y qué no es la
autonomía estratégica europea
La autonomía estratégica no
significa romper con EE. UU., ni abandonar la OTAN, ni construir una fantasía
de autosuficiencia absoluta. Significa algo más sobrio y más exigente:
- Capacidad de decidir:
que Europa pueda tomar decisiones clave sin depender del visto bueno de
Washington.
- Capacidad de actuar:
que pueda ejecutar esas decisiones con medios propios, militares,
industriales, tecnológicos y financieros.
- Capacidad de resistir:
que no pueda ser chantajeada por terceros (energía, datos,
infraestructuras críticas, cadenas de suministro).
No se trata de sustituir a
EE. UU., sino de dejar de ser estructuralmente dependiente. Un aliado
que no puede decir “no” no es un aliado: es un subordinado.
3. Reequilibrar la relación:
de tutela a alianza entre adultos
Para que el vínculo
transatlántico sobreviva, tiene que cambiar de naturaleza.
Tres desplazamientos son
imprescindibles:
1. De la
tutela al equilibrio EE. UU. debe aceptar que Europa tenga
intereses propios, incluso cuando no coincidan al milímetro con los suyos.
Europa debe dejar de comportarse como un menor de edad estratégico.
2. Del
reproche a la corresponsabilidad EE. UU. debe abandonar la
narrativa simplista del “free rider”. Europa debe asumir que la defensa no es
un lujo, sino una condición de su modelo social.
3. De la
dependencia militar a la complementariedad EE. UU. seguirá siendo
indispensable en disuasión nuclear y proyección global. Europa debe ser capaz
de garantizar por sí misma la defensa convencional de su territorio y su
vecindad.
El objetivo no es una ruptura,
sino un nuevo equilibrio entre iguales.
4. El factor ruso: contención
hoy, integración mañana
Aquí entra el elemento que
conecta directamente con una serie en la que estoy trabajando sobre Eurasia y
que publicaré tras ésta.
Mientras el régimen actual se
mantenga en Moscú, no hay alternativa a la contención:
- Refuerzo del flanco oriental.
- Apoyo sostenido a Ucrania.
- Disuasión clara frente a cualquier
expansión territorial.
Pero pensar solo en la
contención sería miope. En algún momento—no pronto, no sin crisis internas
profundas—Rusia cambiará. Y cuando eso ocurra, Europa tendrá que responder a
una pregunta estratégica:
¿Queremos una Rusia
permanentemente hostil, empujada hacia Asia, o una Rusia gradualmente integrada
en un marco de estabilidad europea?
Esa integración
futura—condicionada, gradual, exigente—solo será creíble si Europa tiene capacidad
propia. Una Europa militarmente dependiente de EE. UU. no puede liderar un
proceso de reconciliación y reintegración continental: sería percibida como un
apéndice de Washington, no como un actor autónomo.
5. Por qué la autonomía
europea es condición para cualquier proyecto euroasiático
Mi tesis de fondo se vuelve
aquí cristalina:
- Sin autonomía estratégica, Europa solo
puede gestionar su vecindad bajo parámetros definidos por otros.
- Sin autonomía estratégica, cualquier
acercamiento a una Rusia post‑régimen será sospechoso para Moscú y para
Washington.
- Sin autonomía estratégica, Europa no puede
ser puente entre Occidente y Eurasia, solo frontera.
La autonomía no es un capricho
doctrinal: es la condición de posibilidad de una Europa que quiera:
- mantener su modelo social,
- defender su democracia,
- y proyectar estabilidad hacia el Este.
6. Conclusión de la Entrada 5:
el giro que Europa ya no puede aplazar
Podemos formularlo así, sin
rodeos:
1. El
orden geopolítico construido tras la Segunda Guerra Mundial está agotado.
2. EE. UU.
ya no puede sostenerlo en los términos anteriores.
3. Europa
ya no puede refugiarse en la comodidad de la delegación.
4. La
relación transatlántica solo sobrevivirá si pasa de la tutela al equilibrio.
5. Cualquier
proyecto serio de Eurasia—incluida una futura integración de Rusia—exige una
Europa capaz de actuar por sí misma.
Esta entrada pretende dejar al
lector en el umbral de lo que vendrá después: Eurasia como vía operativa,
y la pregunta decisiva de mi siguiente serie: ¿cómo puede Europa, con sus
recursos reales y sus límites, convertirse en el arquitecto de un espacio
euroasiático estable, en lugar de ser solo el escenario de las decisiones de
otros?

Comentarios
Publicar un comentario