El Cerrojo del Sur
ENTRADA 1 — LA OTAN POR DENTRO
Por qué España no manda en la
cúpula aliada
La relación de España con la
OTAN está marcada por una paradoja que condiciona nuestra influencia en el
tablero global: somos impecables en el terreno, pero casi invisibles en los
despachos donde se diseña la estrategia aliada. Esta asimetría no es fruto
de desinterés ni de falta de profesionalidad militar. Es consecuencia de una
arquitectura de poder que nació en 1949, se consolidó durante la Guerra Fría y
que apenas ha cambiado en siete décadas.
Para entender por qué España
no ocupa puestos clave en la cúpula aliada, es necesario abrir la puerta de los
cuarteles generales de Mons y Nápoles y observar cómo se reparte realmente el
poder en la Alianza.
1. La cúpula fija: un reparto
congelado desde 1951
La OTAN no funciona como una
organización donde los puestos de mando rotan de forma proporcional al mérito
operativo. La estructura superior está congelada desde 1951 en un
sistema de cuotas fijas:
- SACEUR (Comandante Supremo Aliado en
Europa): reservado exclusivamente a Estados
Unidos desde la fundación de la Alianza.
- DSACEUR (su adjunto):
asignado de forma permanente al Reino Unido.
- Estado Mayor de SHAPE:
propiedad de Alemania.
- Mando Supremo de Transformación (SACT):
otorgado a Francia como condición para su reintegración en la estructura
militar en 2009.
Cuando España ingresó en la
OTAN en 1982, estas placas llevaban décadas puestas. La arquitectura de poder
estaba cerrada y diseñada para los actores centrales de la Guerra Fría.
2. El segundo nivel: donde se
gana influencia con presupuesto y capacidades
Por debajo de la cúpula fija
se sitúan los tres mandos operativos:
- Nápoles (Italia)
- Brunssum (Países Bajos / Polonia)
- Norfolk (Estados Unidos / Reino Unido)
Aquí sí existe margen para
influir, pero no se concede por simpatía diplomática: se gana con
capacidades y con presupuesto sobre la mesa.
El caso de Polonia es la
demostración empírica:
- incrementó sus Fuerzas Armadas por encima
de 200.000 efectivos,
- elevó su gasto en defensa por encima del
4% del PIB,
- y reclamó —y obtuvo— su turno en el mando
estratégico regional.
España, con un gasto
históricamente bajo en términos porcentuales, no tiene un puesto fijo ni un
turno compartido en ninguno de estos mandos.
3. La zona gris del Flanco
Sur: el problema que la OTAN no mira
La OTAN está diseñada para la
guerra convencional. Pero Ceuta y Melilla —y el entorno estratégico del
Estrecho— viven en la zona gris, donde las amenazas no cruzan el umbral
jurídico del Artículo 5.
Es la doctrina de threshold
management: presionar sin llegar al “ataque armado” que activaría la
defensa colectiva.
La zona gris no es
improvisación: es una estrategia diseñada para erosionar sin activar el
Artículo 5.
Marruecos ha perfeccionado
este repertorio:
- instrumentalización migratoria,
- cierres aduaneros,
- presión diplomática,
- maniobras navales,
- propaganda híbrida.
La OTAN no tiene mecanismos
para responder a estas agresiones calibradas. Y al no tener España peso
doctrinal en la cúpula, la Alianza sigue mirando casi exclusivamente al
Flanco Este.
4. La asimetría de
capacidades: España cumple, pero no decide
España es uno de los socios
más disciplinados de la OTAN:
- lidera misiones de policía aérea en el
Báltico,
- despliega unidades navales de vanguardia,
- aporta tropas de alta disponibilidad,
- cumple con excelencia operativa.
Pero la influencia no se gana
solo con disciplina. Se gana con:
- inversión sostenida,
- capacidades pesadas,
- diplomacia de Estado,
- y presencia en los grupos doctrinales
clave.
España aporta capital humano
militar de primer nivel, pero sin patrocinio político continuado; nuestros oficiales ocupan puestos de prestigio profesional, no posiciones de
influencia estratégica.
5. La consecuencia: España
cumple, pero no orienta la estrategia aliada
Esta desconexión genera una
asimetría peligrosa:
- España cumple impecablemente en el
terreno.
- España aporta buques modernos y aviación
de vanguardia.
- España sostiene la seguridad del Estrecho
y del Mediterráneo Occidental.
- Pero España no está en la mesa donde se
decide la doctrina del Flanco Sur.
Por eso la OTAN ha tardado
tanto en mirar hacia el Norte de África. Por eso el Concepto Estratégico de
Madrid 2022 fue una excepción, no la norma. Por eso la presión híbrida sobre
Ceuta y Melilla sigue fuera del radar doctrinal aliado.
6. ¿Salir de la OTAN?
Imposible.
¿Seguir como socio
subordinado? Insostenible.
Abandonar la OTAN sería un
error estratégico monumental:
- perderíamos inteligencia compartida,
- tecnología,
- interoperabilidad,
- protección en el Flanco Este,
- y credibilidad internacional.
Pero permanecer como socio
subordinado tampoco es sostenible. España necesita reclamar su sitio en los
despachos de Mons y Nápoles.
La vía es clara:
- cumplir los compromisos de inversión,
- modernizar capacidades,
- patrocinar a nuestros oficiales,
- exigir cuotas de mando acordes a nuestro
valor real,
- y articular una doctrina propia para el
Flanco Sur.
Conclusión: España debe entrar
en la sala donde se decide su seguridad
La OTAN es indispensable para
España. Pero España debe dejar de ser un actor impecable en el terreno y
ausente en la doctrina.
La seguridad del Estrecho, de
Ceuta y Melilla, y del Mediterráneo Occidental exige que España:
- invierta,
- lidere,
- exija,
- y esté presente en la cúpula aliada.
La seguridad del Flanco Sur
exige presencia, doctrina y liderazgo. España debe ocupar su lugar en la
arquitectura aliada.
Esta entrada inaugura la serie
El Cerrojo del Sur. La siguiente abordará el mito del paraguas
automático de la OTAN sobre Ceuta y Melilla.

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