Fraude en la financiación del Consumo: Entrada 4 — España: lo que hicimos, lo que faltó y lo que aún podemos construir
Entrada 4 — España: lo
que hicimos, lo que faltó y lo que aún podemos construir
Ciclo sobre: “Fraude en la
financiación del Consumo: lo que aprendimos, lo que cambió y lo que sigue
pendiente”
Cuando uno repasa la historia
del fraude en la financiación del consumo en España, descubre un rasgo que
siempre ha estado ahí, incluso en los momentos más difíciles: la capacidad de
colaboración. No siempre con las herramientas ideales, no siempre con el marco
jurídico más favorable, pero sí con una voluntad constante de proteger al
sector, a las entidades y, sobre todo, a los ciudadanos.
En 2011, cuando se publicó el
informe de EUROFINAS‑ACCIS,
España vivía una situación compleja. La crisis había golpeado con fuerza, la
morosidad ocupaba todas las conversaciones y el fraude se confundía con
demasiada frecuencia con el impago. Pero, al mismo tiempo, existía una
estructura que muchos países europeos no tenían: una asociación capaz de
coordinar a entidades de financiación del consumo y a entidades bancarias bajo
un mismo paraguas operativo.
Ese fue siempre uno de los
grandes valores de ASNEF. No era solo un punto de encuentro. Era un espacio
donde se podían compartir experiencias, detectar patrones, analizar riesgos y
construir sinergias entre sectores que, aunque distintos, sufrían los mismos
ataques. Los defraudadores nunca han distinguido entre banca y financiación del
consumo. Y ASNEF supo verlo antes que muchos.
El Servicio de Prevención del
Fraude nació con esa vocación: unir, coordinar, anticipar. Y lo hizo en un
entorno jurídico que no facilitaba las cosas. España era —y sigue siendo— uno
de los países más restrictivos en materia de protección de datos. El acceso a
información pública para verificar identidades era limitado. El consentimiento
era obligatorio incluso en casos de fraude. Y la posibilidad de crear bases
colaborativas amplias estaba condicionada por interpretaciones muy
conservadoras de la normativa.
Aun así, se avanzó. Se
firmaron convenios con instituciones públicas. Se desarrollaron herramientas.
Se creó una cultura sectorial de alerta y prevención. Y, sobre todo, se
consolidó la idea de que el fraude no era un asunto marginal, sino un riesgo
que debía abordarse con rigor, método y visión de conjunto.
El informe de EUROFINAS‑ACCIS ofrecía una oportunidad:
replicar en cada país el mismo ejercicio de análisis, reflexión y
concienciación. España tenía —y tiene— todos los elementos para hacerlo. Un
sector profesionalizado, una asociación sólida y una experiencia acumulada que
pocos países pueden igualar.
En aquel momento, propuse algo
que aún hoy considero necesario: crear dos grupos de trabajo, uno para la
financiación del consumo y otro para la actividad bancaria. No para duplicar
esfuerzos, sino para reconocer que cada sector tiene sus propios riesgos, sus
propios modus operandi y sus propias vulnerabilidades. Y, al mismo tiempo, para
permitir que ambos compartan lo esencial: mejores prácticas, procedimientos,
señales de alerta y herramientas tecnológicas.
La idea era sencilla. Primero,
construir una estadística sectorial rigurosa, capaz de distinguir fraude de
morosidad y de identificar tendencias reales. Después, profundizar en los
métodos utilizados por los defraudadores, que siempre evolucionan más rápido
que los sistemas de control. A continuación, compartir procedimientos y
experiencias para elevar el nivel de protección de todo el sector. Y,
finalmente, acercar la problemática del fraude a las instituciones públicas y a
los ciudadanos, porque la prevención no es solo un asunto técnico: es también
un asunto cultural.
Mirado desde 2026, aquel
planteamiento sigue siendo válido. España ha avanzado en digitalización, en
verificación documental y en análisis de riesgos. Pero la esencia del problema
sigue siendo la misma: la lucha contra el fraude exige colaboración, claridad
conceptual y una relación fluida entre sector privado e instituciones públicas.
El fraude ha cambiado. Ya no
es solo documental. Ya no se limita a identidades robadas o nóminas
falsificadas. Hoy hablamos de identidades sintéticas, deepfakes, ingeniería
social, suplantación biométrica, fraude en plataformas digitales y en modelos
BNPL. Pero la lógica de fondo no ha cambiado: el fraude se combate mejor cuando
se comparte información, cuando se analizan patrones comunes y cuando se
construyen herramientas colectivas.
Quizás esa sea la enseñanza
más importante de esta última entrada. Que España tiene una base sólida, una
experiencia valiosa y una cultura de colaboración que merece ser preservada.
Que el camino iniciado hace años no se ha agotado. Y que, en un mundo donde el
fraude evoluciona a gran velocidad, la mejor defensa sigue siendo la misma:
trabajar juntos, aprender juntos y proteger juntos.
Ese fue siempre el espíritu
del Servicio de Prevención del Fraude. Y sigue siendo, hoy, una tarea abierta.
Epílogo
Al terminar estas cuatro
entradas, vuelvo inevitablemente al punto de partida: aquel informe extenso que
escribí en 2011 y que aún permanece publicado en el blog del Servicio de
Prevención del Fraude de ASNEF. Lo escribí entonces desde dentro, con la responsabilidad
de quien trabaja para una Asociación que representa a un sector entero. Hoy lo
releo desde fuera, con la distancia que da el tiempo y con un afecto que no ha
disminuido.
El sector de los
Establecimientos Financieros de Crédito ha cambiado mucho desde entonces.
También ha cambiado la tecnología, la regulación y la propia naturaleza del
fraude. Pero hay algo que permanece: la importancia de la colaboración, la
necesidad de comprender el riesgo y el valor de las instituciones que trabajan
para proteger a las entidades y a los ciudadanos.
ASNEF fue, para mí, un lugar
de aprendizaje y de compromiso. Allí descubrí que la prevención del fraude no
es solo un conjunto de técnicas, sino una forma de entender la responsabilidad
profesional. Aprendí que el crédito al consumo es un engranaje delicado, que
requiere equilibrio entre confianza y prudencia. Y aprendí, sobre todo, que las
soluciones duraderas nacen del trabajo conjunto.
Estas entradas no pretenden
actualizar aquel informe ni sustituirlo. Son, más bien, una forma de agradecer
lo vivido y de compartir algunas reflexiones que siguen siendo válidas. Un
pequeño homenaje a una etapa profesional que me marcó y a una Asociación que
continúa desempeñando un papel esencial en la financiación del consumo en
España.
Si estas líneas sirven para
recordar la importancia de la prevención, para iluminar algún aspecto del
pasado o para inspirar una conversación futura, me doy por satisfecho. El
fraude seguirá cambiando, como cambian todas las cosas vivas. Pero la voluntad
de proteger, de comprender y de colaborar es algo que permanece.
A quienes hoy continúan ese
trabajo, mi respeto y mi simpatía.
A quienes lo comienzan, mi
deseo de que encuentren en él la misma dignidad que yo encontré.
Fabián Zambrano Viedma

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