Entrada 2 Crédito responsable en 2026: El nuevo sistema de evaluación de la solvencia: rigor, verificación y tecnología


 

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Crédito responsable en 2026: El nuevo sistema de evaluación de la solvencia: rigor, verificación y tecnología

La evaluación de la solvencia constituye el núcleo operativo del crédito responsable. Desde la aprobación de la Orden EHA/2899/2011, este proceso ha evolucionado hacia un modelo más exigente, más tecnológico y más integrado en los sistemas de cumplimiento. La transposición de la Directiva (UE) 2023/2225 y la consolidación de los requisitos de gobernanza de productos han reforzado la obligación de evaluar la capacidad real del cliente para asumir las obligaciones derivadas del crédito, utilizando información verificada, completa y actualizada.

En 2026, la evaluación de la solvencia no se limita a recopilar datos financieros del cliente. Exige un análisis proporcional, basado en fuentes internas y externas, apoyado en plataformas tecnológicas y sometido a criterios de prudencia. La verificación documental, la autenticación biométrica, el análisis automatizado de ingresos y gastos y la consulta a ficheros sectoriales forman parte del proceso estándar. La prevención del fraude se integra como primer filtro, garantizando que la información utilizada en la decisión crediticia es auténtica y que no existen indicios de manipulación o suplantación.

El sistema actual se articula en torno a tres obligaciones fundamentales:

1. Evaluar la capacidad del cliente para cumplir con las obligaciones del crédito.

La entidad debe obtener información suficiente sobre la situación financiera del cliente, sus ingresos, gastos, deudas, patrimonio y estabilidad laboral. Esta información debe ser verificada mediante fuentes externas fiables, como la Central de Información de Riesgos del Banco de España, ficheros de solvencia patrimonial y plataformas de prevención del fraude. La evaluación debe considerar escenarios de estrés, especialmente en productos con tipos variables o en moneda extranjera.

2. Contar con procedimientos internos específicos para la evaluación de la solvencia.

Las entidades deben disponer de políticas, métodos y procedimientos documentados, aprobados por el Consejo de Administración y revisados periódicamente. Estos procedimientos deben garantizar un análisis proporcional, adaptado a la complejidad del producto y a la situación del cliente. La gobernanza de producto exige que los modelos de decisión sean trazables, auditables y coherentes con el perfil de riesgo de la entidad.

3. Revisar periódicamente los procedimientos y mantener registros actualizados.

La evaluación de la solvencia no es un proceso estático. Las entidades deben revisar sus procedimientos para adaptarlos a cambios normativos, tecnológicos y de mercado. La trazabilidad documental es esencial: la entidad debe conservar evidencia de la información utilizada, de las verificaciones realizadas y de las decisiones adoptadas.

La digitalización ha transformado este proceso. El onboarding no presencial, la verificación biométrica, el análisis automatizado de nóminas y extractos, y la integración con bases de datos sectoriales, permiten una evaluación más precisa y rápida. Sin embargo, esta automatización exige controles adicionales: validación de modelos, supervisión humana y mecanismos de detección de anomalías. La prevención del fraude se convierte en un componente imprescindible, al asegurar que la información analizada no ha sido manipulada y que la identidad del cliente ha sido verificada conforme a los estándares de diligencia debida.

La evaluación de la solvencia debe realizarse antes de la concesión del crédito y, en determinados casos, durante su vigencia. La normativa exige especial atención en operaciones con garantías reales, en préstamos con tipos variables y en productos complejos. La capacidad de pago debe estimarse con criterios prudentes, sin depender exclusivamente del valor de la garantía ni de la existencia de avalistas. La solvencia debe basarse en las fuentes de renta habituales del cliente y en su capacidad real para asumir los pagos en escenarios adversos.

Este nuevo sistema no solo protege al cliente, sino que fortalece la estabilidad de las entidades y reduce el riesgo de morosidad. La evaluación rigurosa de la solvencia, apoyada en tecnología y verificación documental, constituye la base del crédito responsable en 2026. En la siguiente entrada se analizará cómo deben organizarse internamente las entidades para cumplir con estas obligaciones, y qué papel desempeñan las políticas, métodos y procedimientos en la gobernanza del crédito responsable.

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