domingo, 3 de septiembre de 2017

Efectos y detección del fraude interno





La Encuesta  sobre fraude y delito económico 2016 de PricewaterhouseCoopers nos revela que el fraude interno en España siguió su tendencia al alza, mientras que a nivel global se produjo una bajada; aunque se constató también en España una mayor concienciación empresarial por este problema y, la implantación de medidas más eficaces para su detección.

Según la encuesta, el delito de apropiación indebida continuó siendo el delito más persistente en España, habiéndolo sufrido un 67% de los participantes en el cuestionario durante los 24 meses anteriores, seguido por la corrupción y el soborno con un 30% y el cibercrimen con un 18%; un 15% indicó  haber experimentado manipulación contable.

Junto a estos delitos también se incluyen en la encuesta los fraudes en compras, los fraudes en recursos humanos, el blanqueo de capitales, la vulneración de propiedad industrial, el abuso de información privilegiada, el fraude fiscal, el fraude hipotecario y las prácticas anticompetitivas, entre otros varios.

Tanto a nivel global como en España, los delitos económicos tradicionales tuvieron un decremento en relación con encuestas anteriores, a excepción del cibercrimen que está ocupando los primeros puestos del ranking delictivo.

Otro detalle interesante de la encuesta, es que la corrupción y el soborno descendieron ligeramente a nivel mundial, pero en España aumentaron  un 30% en relación con 2014.

Los efectos en las empresas por la comisión de fraudes internos son diversos y de gran alcance según PWC, aunque no existe conciencia de la repercusión real de dichas consecuencias, dado que el coste económico directo de las mismas es, con frecuencia, un pequeño componente de las consecuencias totales ocasionadas, siendo el resto difícilmente medibles cuantitativamente en el corto plazo.

Pero las consecuencias negativas del fraude interno, al margen de los perjuicios económicos directos, tienen que ver  más con los perjuicios económicos indirectos, algunos de difícil valoración, que inciden sobre la imagen y reputación de las empresas, sobre la motivación de los trabajadores, sobre las relaciones con los reguladores y sobre los costes que ocasionan los  asesores externos que son posteriormente necesarios para mitigarlas, como abogados, peritos o economistas.

El fraude interno tiene repercusiones negativas en la reputación/marca de las organizaciones empresariales, lo que termina influyendo sobre el precio de sus acciones o participaciones y perjudicando sus relaciones comerciales. En algunos casos, este impacto negativo condiciona la supervivencia de las propias empresas.

En el caso español la repercusión reputacional negativa suele ser mayor que en otros países, debido a que en España aún se ofrece  un trato confidencial a este tipo de delitos, y como consecuencia, cuando alguna de estas conductas trasciende públicamente produce un gran impacto mediático, especialmente cuando los hechos fraudulentos afectan a la alta dirección.

Resulta por tanto necesario cambiar esa cultura oscurantista y efectuar un  tratamiento normalizado y transparente de estos hechos fraudulentos.

Otra de las consecuencias más graves del fraude interno es la desmotivación de los trabajadores y por tanto, la caída de la productividad, así como el aumento de los incentivos ambientales para que otros empleados cometan también fraudes.

El fraude interno aflora mediante herramientas organizativas y tecnológicas creadas especialmente para este objetivo, aunque también se pone de manifiesto por puro accidente o porque se dan circunstancias nos previstas por los estafadores.

Entre las herramientas organizativas que permiten aflorar el fraude interno cabe reseñar las siguientes:
  • Evaluaciones de riesgo de fraude
  • Auditoría interna
  • Auditoría externa
  • Controles anti-fraude: Gestión de Riesgos y monitorización de operaciones sospechosas, Cultura anti-fraude
  • Procedimientos de denuncia
  • Controles sobre el personal: vg.: Cambio o rotación
  • Por accidente (Circunstancia principal)
Según los especialistas, las dos herramientas más eficaces contra el fraude interno, de entre las referenciadas anteriormente, son:
  1. La evaluación frecuente del riesgo de fraude
  2. Los controles antifraude
Las organizaciones que no conocen el riesgo del fraude que es inherente a sus actividades de negocio, no podrán desarrollar controles antifraude  para combatirlo. Por ello, las evaluaciones frecuentes de riesgo de fraude resultan esenciales para identificar las amenazas potenciales y las debilidades en los controles.

Un sistema de evaluación frecuente del riesgo obliga a las empresas a  buscar el fraude, y les da la agilidad necesaria para encontrarlo,  aun cuando sabemos que este riesgo no es estático, sino que va cambiando en el tiempo por el influjo de las circunstancias.

La evaluación sistemática y la interposición de controles requieren una planificación del trabajo en fases:
  • Identificación de  los potenciales riesgos de fraude inherentes  a la actividad de negocio.
  • Evaluación de la probabilidad e importancia de que se produzcan los riesgos de fraude que han sido identificados.
  • Determinación de las personas y departamentos que por su operatividad son más propensos a cometer cada uno de los fraudes identificados, y descubrir  los “modus operandi” o métodos que pueden ser utilizados por los defraudadores con más probabilidad.
  • Búsqueda y establecimiento de controles preventivos. (Gestión de Riesgos- Controles anti-fraude)
  • Evaluación de los controles y procesos para asegurar que han sido diseñados de forma efectiva para que aborden los riesgos de fraude identificados.
  • Identificación y evaluación de los riesgos de fraude residuales derivados de la inexistencia de controles o de controles poco efectivos.
  • Respuesta ante los riesgos de fraude residuales.
Como puede observarse existe una similitud entre la planificación de la prevención del fraude interno, y la planificación de la prevención de la responsabilidad penal de las personas jurídicas, puesto que ambas han de hacerse dentro de la estructura organizativa de compliance.

Otras herramientas de interés.

La Auditoría Interna

La Auditoría interna es otra herramienta eficaz para hacer aflorar el fraude interno. Cuando se reducen los medios en los departamentos de Auditoría normalmente se produce un incremento del fraude interno. Hay que señalar, con todo, que existe una tendencia estadística que avisa de que las Auditorías irán detectando un porcentaje cada vez menor de fraude interno, en relación con otras herramientas de control, como por ejemplo la evaluación frecuente del riesgo y su gestión.

El procedimiento formal de denuncia

El procedimiento formal de denuncia que se ofrece a los empleados por distintos medios (buzones, internet, etc.) sigue constituyendo una buena herramienta para hacer aflorar el fraude interno.  Pero para que sea efectiva ha de estar  suficientemente extendida entre las empresas; debe ser publicitada;  y las personas que vayan a utilizarla la han de considerar efectiva, lo que sólo ocurre cuando la alta dirección está comprometida con la herramienta.


No hay comentarios:

Publicar un comentario